La Reina ha muerto... Larga vida a la Reina.

En Criollo Haitiano: Lalin
Hace muuuucho tiempo que escuche este tema, no me acuerdo que buscaba, no me acuerdo donde estaba, ni siquiera me acuerdo como fue que di con esto, pero desde entonces está instalada en mi cabeza, y goza del raro privilegio de ser uno de los pocos temas que puedo escuchar una y otra vez y ponerme la piel de gallina cada vez.
[Yasunori Mitsuda] ~ Scars Of Time
¿Cuál fue el comienzo de todo esto?
¿Cuándo comenzaron a girar los engranajes del destino?
Quizás sea imposible comprender esa respuesta ahora,
desde las profundidades del flujo del tiempo...
Pero, con certeza, en aquel entonces,
quisimos a tantos, pero tambien odiamos mucho,
hicimos daño a los demás y tambien a nosotros mismos...
A pesar de ello, corriamos como el viento,
mientras nuestras vidas resonaban,
bajo los cielos azulados...
Scars of Time - Chrono Cross Intro Original
Scars of Time - Eminence Symphony Orchestra
Scars of Time - Por Lara
En Kanada: ಚಂದ್ರನv (Candrana)
Delirio de FerU... a las 11:10 0 Firulete(s) bien dicho(s)

Delirio de FerU... a las 22:55 0 Firulete(s) bien dicho(s)
Como era de costumbre, había llegado a su casa cuando ya era de noche, La luz de la cochera encendida le marcaba que lo estaban esperando. Entro en la casa, dejo campera y mochila sobre la cama, saludo a sus padres e intercambio las fráces de costumbre
-como te fue/alguna novedad?
-Bien/ninguna- fueron las respuestas de costumbre. Jugó un poco con su gata, y tras darle de comer, se internó en su pequeño universo de unos y ceros. Reviso mails, revisó la actividad en facebook, Revisó foros y blogs. Jugó a un par de juegos, es decir lo de costumbre. Luego de comer, vio algo de TV y tras decidir que estaba demasiado cansado para darle otra vuelta a la grilla de canales, solo para terminar de entender que no había nada que ver, se fue a dormir consciente de que era muy temprano para lo que estaba acostumbrado. Prendió la radio para dormir con música como era su costumbre desde que viviera un tiempo en Villa Mercedes, en la provincia de San Luis, donde tuvo que recurrir a ese recurso para escapar al silencio de la noche que tan inquieto lo tenia, lejos de los ruidos tan propios de Buenos Aires. Se acostó y se dejo llevar por las melodías que salían del aparato, vagando entre recuerdos del día, momento y conversaciones, e inventando posibles continuaciones o variaciones a los mismos, usando el ya tan acostumbrado "que hubiera pasado si......", finalmente el sueño fue mas pesado que los recuerdos y cayo dormido en aquella noche, como era de costumbre.
Abrió los ojos de aquella mañana, tras varios intentos de su madre. Finalmente se incorporo en la cama recordando que tenía examen de ciencias sociales, si hubiera sido cualquier otro día, hubiera podido faltar, pero sabía que no iba a tener tanta suerte. Se vistió remolonamente, se notaban su desgano por ir al colegio, y se sentó a desayunar con sus padres. Les contó sobre el extraño sueño que había tenido, y lo real que parecía, les contó sobre los chicos con los que se juntaba en un barrio que ahora no recordaba el nombre -tenia algo que ver con pájaros- les decía, pero en el sueño era su hogar, una plaza con un avión en el centro y rodeada de arboles, los coches parecían tocar el piso con unos círculos y no volaban como todos los que conocía. el relato se vio interrumpido cuando sonó el timbre de la puerta, al ver por la mirilla electrónica se encontró con el rostro de su compañera de banco, su amiga, que aveces lo pasaba a buscar para ir al colegio, no siempre lo hacia, pero él la esperaba hasta ultimo momento. -ya termino- le dijo mientras pasaba al interior de la casa, y apuró la taza de café con leche, agarro la mochila saludó a sus padres y se fue. En el camino le fue contando del sueño que había tenido, le contó sobre unas maquinas muy grandes que imprimían carteles de todo tipo, probablemente en una época anterior a la aparición del papel electrónico que no necesitaba imprimirse, y él la manejaba, los había de comidas, edificios, autos, personas, y chicas que festejaban sus 15 años, cuando todavía estaba esa costumbre, ahora reemplazada con un viaje en crucero con amigas y amigos, por supuesto. Se encontraron con otros compañeros de clase antes de entrar, tenían que terminar unos detalles del trabajo practico de psicología que tenían que entregar ese día. Entraron al colegio y al llegar al aula el profesor de Biología animal ya estaba en el aula, dejo de escribir en el pizarrón ante la interrupción, y lo miro sin decir palabra alguna. Mientras entraba, saludo respetuosamente al profesor, y busco el asiento que sus compañeras de grupo le guardaban todos los días, las saludo al sentarse, y le pregunto a la que estaba su derecha si ya tenia los resultados del parcial, pero la respuesta fue negativa -te sentís bien? te ves algo cansado- fue una pregunta que pareció salir de la nada -si- fue su respuesta -solo algo agitado- no quiso entrar mas en detalles, pero sabia perfectamente la razón de su estado, aun le costaba asimilar el sueño que había tenido, le costaba ver esa imagen suya en el espejo afeitándose el sobrante de una barba para darle forma a esa especie de candado, y el sueño no era particularmente perturbador, pero se sentía tan real que por un momento tuvo una pequeña crisis nerviosa, le costaba asimilar, como durante unas horas fuera otra persona y que eso había sido un sueño. Mientras su mente vagaba comenzó a sonar su celular, despertandolo de sus divague y cayendo en la cuenta que había olvidado ponerlo en vibrador, el profesor nuevamente dejo de escribir, pero no se dio vuelta a ver quien era el irrespetuoso que tenia el celular prendido en clases, siendo que había sido bastante claro al respecto, por supuesto nadie lo apagaba, pero tomaban precauciones. Consiente de que todas las miradas sobre el, en especial las de sus compañeras, y poniéndose colorado de la vergüenza, saco el teléfono del bolsillo trasero de su pantalón y miro la pantalla, no reconoció el numero, pero sabia que tenia que atender, no estaba seguro del porque, pero lo sabia. Se levanto sin agarrar sus cosas salio tan rápido del aula como pudo. Una vez en el pasillo, y ya mas calmado, atendió el llamado. Su cuñado fue quien habló del otro lado, diciéndole que estaban llevando a la hermana al hospital porque había entrado en trabajo de parto. Con una amalgama de emociones que variaban entre el miedo y la excitación, la alegría y el nerviosismo, le declaro que estaba saliendo para el hospital -Voy a ser papá- se dijo así mismo, y se encamino a la recepción del edificio donde trabajaba, dio la noticia a la recepcionista, quien lo felicito dicho sea de paso, para que se la diera a su vez a su supervisor. Corrió al estacionamiento, y al llegar al auto, recordó que las llaves quedaron en su abrigo, y su abrigo en el laboratorio en el que estaba trabajando. Volvió sobre sus pasos, molesto con sigo mismo por el tiempo que estaba perdiendo, bajo la atenta mirada de la recepcionista que lo siguió hasta que entro al ascensor. Le pareció que el ascensor tardó años en subir 20 pisos y al estar frente a la puerta del laboratorio la abrió de golpe y todas las miradas se centraron en el, todas excepto la de su esposa que no quería apartar la vista de la pequeña vida que sostenía en sus brazos. Se acerco a la cama y beso a su esposa en la frente como solía hacer para que supiera que estaba a su lado, sus hijos mayores también estaban al lado de la cama y miraban a su hermanito con asombro y curiosidad, para la mayor, no era ninguna novedad, ya lo había vivido, pero para el mas chiquito era algo nuevo. Su esposa le sonrió le acercó el bebe para que lo sostuviera, pero una enfermera se adelantó y lo tomó en brazos a la vez que anunciaba que lo iba a llevar a Neonatologia. Salió de la habitación y el salio tras ella. El pasillo del hospital de pronto se le hizo mas largo de lo que recordaba, una laguna mental hizo que olvidara lo que buscaba, pero poco falta hizo, su yerno salio de una habitación y le hizo señas para para indicarle el lugar. Yerno y suegro se saludaron con un fuerte abrazo y el suegro saludó afectuosamente al yerno que también era un flamante padre. Al entrar a la habitación encontró a su hija acostada sosteniendo a su nieto, su primer nieto. Mientras se acercaba a la cama, la emoción lo embargó al encontrar en ella tanta similitud con su esposa, y al pensar lo feliz que sería si pudiera estar con ellos en ese momento. Al llegar a su lado se inclino para besar su frente, cada vez le costaba más agacharse, pero no iba a dejar pasar ese momento, ella le sonrió y le levanto el niño para que pudiera sostenerlo, estaba inseguro, habían pasado muchos años desde que tuviera en brazos al último de sus hijos, pero descubrió, que como andar en bicicleta, hay algunas cosas que nunca se olvidan. Las lágrimas comenzaron a caerle por el rostro al ver al nuevo miembro de su familia, siempre había creído que todos los recién nacidos son iguales, feos e hinchados, incluso lo había dicho una o dos veces con sus propios hijos, lo que le valió más de una discusión con su suegra, pero lo que tenia en brazos, en ese momento era la más hermosa criatura que había visto en su vida, y sonreía al pensar lo mucho que se divertiría su esposa si lo oyera decir eso, mientras el niño se aferraba con su pequeña manito a la baraba de abuelo. Perdido en sus pensamientos, se sobresalto al sentir una mano que se apoyaba en su hombro, pero a su edad los sobresaltos son solo mentales, su cuerpo no los acompaña tan bien como antes. La mano en su hombro lo sostenía con delicadeza, pero aun así transmitía fuerza y seguridad. Conocía esa mano, al darse vuelta sabía a quien se iba a encontrar. Sus ojos se cruzaron con los de la enfermera que lo había estado cuidando los últimos años en su casa, era una mujer entradas en años, no tantos como los de el, por su puesto pero tenia en la mirada la calidez de una madre, que tantas veces le había hecho acordar a la suya propia. Y con esa calidez, sin mediar palabras, fue que supo que ya era la hora, que estaba todo listo y solo faltaba el. -En un momento voy- le dijo, y ella se marchó. Volvió su mirada al gran ventanal, donde pasaba largas horas mirando el cielo nocturno hasta quedarse dormido. La luna en lo alto, se veía grande y mas brillante que nunca en aquella noche, quizás fueran ideas de el, pero sentía cierto alivio en la idea de que era realmente así. -Pronto no vamos a reencontrar, mi amada Yue- dijo la Luna mientras se levantaba del sillón, y mientras se alejaba del ventanal, las cortinas se fueron cerrando, dejado el cuarto en penumbras. Entró a su dormitorio, estaban presentes todos los que podían estar, sus hijos, de sus nietos, solo los mayores, los mas chiquitos estaban jugando en otra ala de la casa, y algunos amigos que aún vivían. Se acostó en la cama, del lado que siempre había usado. La enfermera se aseguró que las almohadas sostuvieran bien su espalda y que estuviera prolijamente tapado hasta la cintura. Su hija se acercó a su lado y le beso la frente, como tantas veces lo había hecho el, y ahora era su turno. Su hija ya era una mujer grande y le asombraba como se iba pareciendo más y más a su esposa con forme pasaban los años. Dedicó una larga mirado a todos en la habitación, no había rostros tristes, por supuesto habían algunas lágrimas, pero hacia mucho que las lágrimas habían dejado de ser sinónimo de tristeza en aquellas ocasiones, porque la gente había aprendido que aquello era parte de lo mismo que lo había traído, que todos merecemos un descanso, pero por sobre todo, habían aprendido a honrar vida vivida de la persona que se va y no a llorar su recuerdo, porque es en sus recuerdos donde perdura la vida, y una vida que fue bien vivida es motivo de alegría, no de tristeza.
Apoyado contra el respaldo de su cama, dijo unas palabras a los presentes, pero esas palabras solo la oyeron ellos, esas palabras no eran para quienes son meros espectadores, esas palabras no eran para nosotros. De apoco un sueño cálido fue invadiéndolo y de apoco se dejó llevar por la sensación de flotar y de que su cuerpo ya no le pertenecía.
Su despertador sonó como de costumbre, y si bien, el tema que le había puesto a su celular le gustaba, de a poco lo había asociado con el hecho de levantarse, y eso no le agradaba mucho. Se sentó en la cama, y comenzó a repasar su sueño, imágenes, personas, lugares y emociones todavía estaban frescos en su cabeza y se mezclaban en remolinos que luchaban por imponerse unos con otros. Sabía como era eso, iba a ser igual a todas la veces anteriores, de apoco los recuerdos comenzaría a desvanecerse tras un velo de olvido, hasta que finalmente desaparecerían todos los detalles, todos excepto uno, jamás olvidaría el nombre de la persona que había sido las últimas 6 horas, bueno... 6 horas al menos desde su punto de vista. Sabía que jamás lo olvidaría, porque recordaba todos los nombres de todas las personas que había sido en horas de sueño, durante todas las noches de su vida, con apenas 28 años, llevaba en si mismo el recuerdo de mas de diez mil vidas. Hacía mucho había dejado de contarlas, pero si quisiera podría estar un día entero recitando los nombres de todos ellos, y hasta tengo que la sospecha de que podría hacerlo en el orden que lo soñó. Muchas cosas fueron pasando por su cabeza mientras se cepillaba los dientes, mientras se vestía y desayunaba. Finalmente, y no pudiendo dilatar mas el asunto, salió de su casa para ir nuevamente a su trabajo. Tomo el colectivo de costumbre y saludó al chofer que ya lo conocía y no necesitaba decirle que tarifa marcar. El colectivo tuvo que desviarse de su recorrido normal porque la calle estaba cortada por reparaciones. Mientras veía pasar las casas una tras otra, una sensación de deja-vu lo invadió de golpe, y cayó en la cuenta que no solo era una sensación, si no que conocía aquel lugar. No muy lejos de ahí, en una de las avenidas que cortaban la calle por la que iba, vivía, vivió o vivirá la mujer con quien estuvo casado en su último sueño. Por un instante sintió el impulso, mezcla de curiosidad y un poco de amor que aún sentía por ella, de bajarse del vehículo, de buscar aquella casa y comprobar de una vez por todas, si aquello que lo llevaba fuera de su vida a una que no le pertenecía era real.
Pero en el mismo tiempo que tarda en desvanecerse un deja-vu, el impulso también desapareció y comenzó a reírse de lo que por un instante estaba dispuesto a hacer, ya que hacia años había dejado de preocuparse por esos detalles, que pronto olvidaría, entendiendo que finalmente fue simplemente un sueño.
Delirio de FerU... a las 3:28 0 Firulete(s) bien dicho(s)
Creo que la final ninguno de los dos entendió al otro.
En Japones: Tsuki (月)
Delirio de FerU... a las 23:55 0 Firulete(s) bien dicho(s)
La última respuesta (The Last Answer) es una historia corta escrita por Isaac Asimov para conmemorar el 50 aniversario de la revista Analog en Enero de 1980 y luego republicada en el libro Sueños de Robot (Robot Dreams) en 1986 junto a varas otras obras del autor (entre las que se destacan la homonima Sueños de Robot y La última Pregunta).
La razón de que publique esta historia se debe que a que en los últimos días terminó de cerrarme una idea que, en cierta forma se originó al leer esta historia (por supuesto, no en el año que se publico, ¿que tan viejo piensan que soy?), idea que estaré publicando en los próximos días, y me pareció prudente publicarla antes, además de que simplemente me gusta lo suficiente para incluirla en este, pequeño lugar mío.
Murray Templeton tenía cuarenta y cinco años, estaba en la flor de su vida, y todas las partes de su cuerpo funcionaban en perfecto orden excepto algunas porciones clave de sus arterias coronarias, pero eso era suficiente.
El dolor vino de pronto, ascendió hasta un punto intolerable, y luego descendió progresivamente. Pudo sentir que su respiración se relajaba, y una especie de bendita paz lo invadió.
No hay placer como la ausencia de dolor... inmediatamente después del dolor. Murray sintió una ligereza casi aturdidora, como si estuviera elevándose en el aire v flotando.
Abrió los ojos, y notó con distante regocijo que los demás que ocupaban la habitación estaban aún agitados. Se hallaba en el laboratorio cuando el dolor le había golpeado, casi sin advertencia, y cuando se había tambaleado había oído gritos de sorpresa de los demás antes de que todo se desvaneciera en una abrumadora agonía.
Ahora, con el dolor desaparecido, los demás estaban aún yendo de un lado para otro, aún ansiosos, aún apiñándose en torno a su cuerpo caído...
...que, se dio cuenta de pronto, estaba tendido boca abajo.
Estaba ahí en el suelo, brazos y piernas abiertos, el rostro contorsionado. Y estaba ahí de pie, en paz, observando.
Pensó: ¡milagro! Los chiflados de la vida después de la vida tenían razón. Y aunque aquella era una forma humillante de morir para un físico ateo, apenas sintió una ligera sorpresa, y ninguna alteración de la paz en la cual se hallaba inmerso.
Pensó: debe de haber algún ángel –o algo– viniendo a por mí.
La escena terrestre estaba desvaneciéndose. La oscuridad iba invadiendo su conciencia, y lejos, en la distancia, como un último vislumbre, había una figura de luz, vagamente humana en su forma, y radiando calor.
Murray pensó: vaya broma, estoy yendo al Cielo.
Mientras pensaba esto, la luz se desvaneció pero el calor siguió. No hubo disminución en la paz, pese a que en todo el Universo tan sólo quedaba él... y la Voz.
La Voz dijo:
–He hecho esto tan a menudo, y sin embargo aún tengo la capacidad de sentirme complacido con el éxito.
Murray sintió deseos de decir algo, pero no era consciente de poseer una boca, lengua o cuerdas vocales. Pese a todo, intentó emitir un sonido. Intentó, sin boca, susurrar palabras, o respirarlas, o simplemente impulsarlas fuera con una contracción de... lo que fuera.
Y brotaron. Oyó su propia voz, completamente reconocible, y sus propias palabras, infinitamente claras.
Murray preguntó:
–¿Es esto el Cielo?
La Voz le respondió:
–Este no es ningún lugar, tal como tú entiendes la palabra «lugar».
Murray se sintió azarado.
–Perdón si sueno como un estúpido, pero ¿tú eres Dios?
Sin cambiar de entonación o estropear de ninguna forma la perfección del sonido, la Voz consiguió sonar divertida.
–Es extraño que siempre se me pregunte eso, por supuesto en un número infinito de formas. No hay ninguna respuesta que yo pueda dar y que tú puedas comprender. Yo soy..., lo cual es todo lo que puedo decir que sea significativo y que tú puedas cubrir con cualquier palabra o concepto que prefieras.
–¿Y qué soy yo? –preguntó Murray–. ¿Un alma? ¿O también soy tan sólo una existencia personificada?
Intentó no sonar sarcástico, pero tuvo la impresión de que fracasaba. Entonces pensó fugazmente en añadir un «Vuestra Gracia» o «Santísimo» o algo para contrarrestar el sarcasmo, y no pudo conseguir decidirse a hacerlo pese a que por primera vez en su existencia especuló con la posibilidad de ser castigado por su insolencia –¿o pecado?– con el Infierno, o lo que se le correspondiera.
La Voz no sonó ofendida.
–Tú eres fácil de explicar... incluso para ti. Puedes llamarte a ti mismo un alma si eso te complace, pero lo que realmente eres es un nexo de fuerzas electromagnéticas, dispuestas de tal modo que todas las interconexiones e interrelaciones son exactamente imitativas de aquellas de tu cerebro en tu Universo–existencia... hasta el más mínimo detalle. De tal modo que posees tu capacidad de pensamiento, tus recuerdos, tu personalidad. Y te sigue pareciendo que tú eres tú.
Murray se dio cuenta de su propia incredulidad.
–Quieres decir que la esencia de mi cerebro es permanente.
–En absoluto. No hay nada en ti que sea permanente, excepto lo que yo elija hacer permanente. Yo formé el nexo. Yo lo construí mientras tú tenías existencia física, y lo ajusté al momento en el cual la existencia fallara.
La Voz parecía claramente complacida consigo misma, y tras una momentánea pausa prosiguió:
–Una intrincada pero absolutamente precisa construcción. Por supuesto, puedo hacer lo mismo con cualquier ser humano de tu mundo, pero prefiero no hacerlo. Hay un cierto placer en la selección.
–Entonces eliges a muy pocos.
–Realmente muy pocos.
–¿Y qué ocurre con el resto?
–¡El olvido! Oh, por supuesto, tú imaginas el Infierno.
Murray hubiera enrojecido de haber tenido la capacidad de hacerlo.
–No –dijo–. Eso queda fuera de cuestión. Sin embargo, jamás hubiera creído ser tan virtuoso como para atraer tu atención como uno de los Elegidos.
–¿Virtuoso? Ah..., entiendo lo que quieres decir. Es fastidioso tener que forzar mi pensamiento a descender lo bastante como para permear el vuestro. No, no te he elegido por tu capacidad para el pensamiento, como he elegido a otros, a cuatrillones, de entre todas las especies inteligentes del Universo.
Murray se sintió repentinamente curioso, el hábito de toda una vida.
–¿Los eliges a todos por ti mismo, o hay otros como tú? –preguntó.
Por un fugaz momento, Murray creyó adivinar una reacción de impaciencia ante aquello, pero cuando la Voz llegó de nuevo no había emoción en ella.
–El si hay o no otros es algo irrelevante para ti. Este Universo es mío, y sólo mío. Es mi invención, mi construcción, destinado sólo para mis propósitos.
–Y sin embargo, con cuatrillones de nexos que has formado, ¿pierdes tu tiempo conmigo? ¿Tan importante soy?
–No eres en absoluto importante –dijo la Voz–. También estoy con los demás en una forma que, para tu percepción, parecería simultánea.
–¿Y sin embargo eres uno?
De nuevo un asomo de diversión. La Voz dijo:
–Buscas atraparme en una contradicción. Si tú fueras una ameba que puede considerarse individualidad únicamente en conexión con las células individuales, y tuvieras que preguntarle a un cachalote, hecho por más de treinta cuatrillones de células, si era uno o muchos, ¿cómo podría responder el cachalote de modo que fuera comprensible para la ameba?
–Pensaría en ello –dijo Murray secamente–. Puede hacerse comprensible.
–Exacto. Esa es tu función. Pensarás.
–¿Con qué fin? Tú ya lo sabes todo, supongo.
–Aunque lo supiera todo –dijo la Voz–, no podría saber que lo sé todo.
–Eso suena un poco como filosofía oriental –dijo Murray–, algo que suena profundo precisamente porque carece de significado.
–Prometes –dijo la Voz–. Respondes a mi paradoja con una paradoja... excepto que la mía no es una paradoja. Considera. Existo eternamente, pero ¿qué significa eso? Significa que no puedo recordar haber surgido a la existencia. Si pudiera recordarlo, entonces no hubiera existido eternamente. Si no puedo recordar haber surgido a la existencia, entonces hay al menos una cosa, la naturaleza de mí mismo empezando a existir, que no sé.
»Además, aunque lo que yo sé es infinito, también resulta cierto que lo que queda por conocer es igualmente infinito, ¿y cómo puedo estar seguro de que ambos infinitos son iguales? La cualidad infinita del conocimiento potencial puede ser infinitamente más grande que la infinitud de mi actual conocimiento. He aquí un
ejemplo simple: si yo supiera todos los números enteros pares, conocería un número infinito de datos, y sin embargo no conocería ni un solo número entero impar.
–Pero los números enteros impares pueden ser derivados –dijo Murray–. Si divides cada número entero par de toda la serie infinita por dos, tendrás otra serie infinita que contendrá en ella la serie infinita de números enteros impares.
–Has captado la idea –dijo la Voz–. Me siento complacido. Tu tarea será encontrar otras vías como esta, mucho más difíciles, de lo conocido a lo aún no conocido. Tienes tus recuerdos. Recordarás todos los datos que hayas recogido o aprendido alguna vez, o que posees o que podrás deducir de esos datos. Si es necesario, podrás aprender los datos adicionales que consideres pertinentes para los problemas que tú mismo te plantees.
–¿No puedes hacer todo eso por ti mismo?
–Puedo –dijo la Voz–, pero es más interesante de esta forma. Construí el Universo a fin de tener más datos con los que enfrentarme. Inserté en él el principio de la incertidumbre, la entropía, y otros factores de azar, a fin de hacer que el conjunto no resultara instantáneamente obvio. Ha funcionado bien, y me ha divertido durante toda su existencia.
»Luego introduje complejidades que produjeron primero la vida y luego la inteligencia, y la utilicé como fuente para un equipo de investigación, no porque necesitara su ayuda, sino porque introduciría un nuevo factor de azar. Descubrí que no podía predecir la siguiente pieza interesante de conocimiento conseguida, de dónde procedía, por qué medios se derivaba.
–¿Ha ocurrido eso alguna vez? –preguntó Murray.
–Por supuesto. Nunca pasa un siglo sin que aparezca algún detalle interesante en algún lugar.
–¿Algo en lo que tú hubieras podido pensar por ti mismo, pero que aún no habías hecho?
–Sí.
–¿Crees realmente que hay una posibilidad de que yo te complazca de esa forma? –preguntó Murray.
–¿En el próximo siglo? Virtualmente no. A largo plazo, sin embargo, tu éxito es seguro, puesto que estarás dedicado eternamente a ello.
–¿Estaré pensando durante toda la eternidad? ¿Para siempre?
–Sí.
–¿Con qué fin?
–Ya te lo he dicho. Para descubrir nuevo conocimiento.
–Pero más allá de eso. ¿Con qué fin debo descubrir nuevo conocimiento?
–Eso es lo que hiciste en tu vida ligada al Universo. ¿Cuál era tu finalidad entonces?
–Conseguir un mejor conocimiento que sólo yo podía conseguir –contestó Murray– . Recibir el aprecio de mis compañeros. Sentir la satisfacción del éxito sabiendo que disponía tan sólo de un tiempo limitado para alcanzarlo. Ahora sólo podría conseguir lo que puedes conseguir tú mismo si lo desearas con un mínimo esfuerzo. Tú no puedes reconocer mis méritos; tu puedes únicamente divertirte. Y no hay ningún mérito ni satisfacción en un éxito cuando dispongo de toda la eternidad para conseguirlo.
–¿Y no consideras el pensamiento y los descubrimientos valiosos por sí mismos? –preguntó la Voz–. ¿No encuentras que es innecesario requerir otro fin?
–Para un tiempo limitado, sí. No para toda la eternidad.
–Entiendo tu punto de vista. Sin embargo, no tienes elección.
–Tú dices que tengo que pensar. Pero no puedes obligarme a hacerlo.
–No pienso obligarte directamente –dijo la Voz–. No necesito hacerlo. Puesto que no tienes nada que hacer excepto pensar, pensarás. No sabes cómo no pensar.
–Entonces me proporcionaré yo mismo una meta. Me inventaré una finalidad.
–Por supuesto, puedes hacerlo –dijo la Voz, tolerante.
–Ya he encontrado una finalidad.
–¿Puedo saber cuál es?
–Ya la conoces. Sé que no estamos hablando de la forma habitual. Tú ajustas mi nexo de tal forma que yo creo oírte y creo estar hablando, pero tú me transfieres los pensamientos y recoges directamente los míos. Y cuando mi nexo cambia con mis pensamientos, tú eres inmediatamente consciente de ellos y no necesitas mi transmisión voluntaria.
–Estás sorprendentemente en lo cierto –admitió la Voz–. Eso me complace. Pero también me complace que me digas tus pensamientos voluntariamente.
–Entonces te los diré. La finalidad de mi pensamiento será descubrir una forma de interrumpir este nexo mío que tú has creado. No deseo pensar para ninguna finalidad útil excepto divertirte. No deseo pensar eternamente para divertirte. No deseo existir eternamente para divertirte. Todo mi pensamiento irá dirigido hacia terminar con el nexo. Eso me divertirá a mí.
–No tengo ninguna objeción a eso –dijo la Voz–. Incluso el pensamiento concentrado acerca de cómo terminar tu propia existencia puede dar como resultado, pese a ti mismo, algo nuevo e interesante. Y, por supuesto, si tienes éxito en ese intento de suicidio no habrás conseguido nada, puesto que instantáneamente puedo reconstruirte y en una forma tal que haga imposible repetir tu método de suicidio. Y si tú encuentras otra forma aún más sutil de interrumpir tu existencia, te reconstruiré con esa posibilidad también eliminada, y así sucesivamente. Puede ser un juego interesante, pero pese a todo seguirás existiendo eternamente. Esta es mi voluntad.
Murray sintió un estremecimiento, pero sus palabras brotaron con una perfecta calma.
–¿Estoy pues en el Infierno, después de todo? Tú has dado a entender que no existe ninguno, pero si esto fuera el Infierno tú podrías estar mintiendo como parte del juego del Infierno.
–En ese caso –dijo la Voz–, ¿de qué serviría asegurarte que no estás en el Infierno? Sin embargo, te lo aseguro. No hay aquí ni Cielo ni Infierno. Sólo existo
yo.
–Considera entonces que mis pensamientos pueden resultarte inútiles –dijo Murray–. Si vengo a ti sin nada útil, ¿no será mejor para ti el... desarmarme, y no tomarte más molestias conmigo?
–¿Como una recompensa? ¿Deseas el Nirvana como premio al fracaso, y pretendes asegurarme ese fracaso? No hay trato aquí. No fracasarás. Con una eternidad ante ti, no puedes evitar el tener al menos un pensamiento interesante, por mucho que tú intentes lo contrario.
–Entonces crearé otra finalidad para mí. No intentaré destruirme. Estableceré como meta el humillarte. Pensaré en algo en lo que no solamente no hayas pensado nunca, sino en lo que nunca puedas llegar a pensar. Pensaré en la última respuesta, la respuesta definitiva, más allá de la cual no existe más conocimiento.
–No comprendes la naturaleza del infinito –dijo la Voz–. Puede que haya cosas que aún no me haya molestado en conocer. No puede haber nada que yo no pueda conocer.
–No puedes saber tu principio –dijo Murray pensativamente–. Tú mismo lo has dicho. Por lo tanto no puedes saber tampoco tu final. Muy bien. Esa será mi meta, y esa será la última respuesta. No me destruiré a mí mismo. Te destruiré a ti... si tú no me destruyes a mí primero.
–¡Ah! –exclamó la Voz–. Has llegado a eso mucho antes de lo normal. Empezaba a preocuparme de que te tomara tanto tiempo. ¿Sabes?, no hay nadie de esos que tengo conmigo en esta existencia de perfecto y eterno pensamiento que no tenga la ambición de destruirme. Es imposible.
–Tengo toda la eternidad para pensar en una forma de hacerlo –dijo Murray.
–Entonces intenta pensar en ello –dijo la Voz en tono neutro. Y desapareció.
Pero Murray tenía ahora su finalidad, y se sentía contento.
Porque, ¿qué podía desear cualquier Entidad, consciente de la existencia eterna..., excepto un fin?
¿Para qué otra cosa había estado buscando la Voz a lo largo de incontables miles de millones de años? ¿Y para qué otra razón había sido creada la inteligencia y reservados algunos especímenes para ponerlos a trabajar, excepto para ayudar en esa gran búsqueda? Y Murray pretendía ser él, y sólo él, quien tuviera éxito.
Cuidadosamente, y con la emoción de la finalidad, Murray empezó a pensar.
Tenía mucho tiempo para ello.
En Sueco: måne
Delirio de FerU... a las 0:33 0 Firulete(s) bien dicho(s)